21 mayo 2021

El juez que sufría de la próstata

Prosiguiendo con las publicaciones de la obra de Calamandrei "Elogio de los jueces escrito por un abogado", toca turno a una que nos hará entender que el llanto de un juez no siempre es "indicio" favorable      

    

"... Decía, pues, que había un anciano presidente de Corte que, por esta necesidad de levantarse, se veía obligado, cada media hora, a suspender por unos instantes la audiencia. Cuando un abogado había hablado más de veinte minutos, el presidente empezaba a agitarse en su sillón y a dar muestras de inquietud y de angustia; pero al mismo tiempo su rostro, en vez de turbarse, asumía un aire de conciliadora e insinuante bondad... Miraba en la cara al abogado como si le agradara mucho, se volvía hacia él y empezaba a sonreírle, a acompañar con gestos benévolos sus frases, a decirle que sí con la cabeza. Y al final lo interrumpía, pero dulcemente, para darle la razón:

    —Sí, sí, abogado, he comprendido su tesis. Habla bien, muy bien; he comprendido perfectamente. Sí, sí, abogado: no hay más que decir... Y apoyaba las manos en los brazos del sillón, como para ponerse de pie, a fin de darle a entender que ya estaba convencido de sus razones. Un abogado novel, la primera vez que discutió una causa ante aquella Corte, salió triunfante. Y contaba a sus amigos el triunfo: 

    —Mientras hablaba, el presidente no ha hecho más que sonreírme y aprobar. Estaba extasiado. Al terminar mi discurso, estaba tan emocionado, que suspendió de golpe la sesión y se fue... He notado que le costaba retener las lágrimas...".

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